Diócesis de Facatativá

Cundinamarca-Colombia

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adviento

Muy amados en el Señor:

Hemos comenzado el Tiempo del Adviento que, como cada año, nos llama a renovación profunda, poniendo ante nuestros ojos el misterio de las dos venidas del Salvador: el recuerdo y la celebración de los misterios de la Encarnación y del Nacimiento del Hijo Eterno de Dios, por una parte, y la esperanza activa de su manifestación definitiva en Gloria y Majestad, que Él mismo anunció, por la otra.

La contemplación diaria de la Palabra que se nos sirve en el banquete sagrado de la Liturgia de este Tiempo nos permitirá penetrar un poco más los misterios que nos han acercado y hecho presente de tal manera a Dios, que es el Dios de la Alianza. El Hijo, sin dejar de ser Dios como el Padre y como el Espíritu Santo, se ha hecho verdaderamente hombre. En su divina Persona se unen perfectamente, sin mezcla ni confusión, armoniosamente, dos naturalezas: la de Dios y la nuestra. Por eso es DIOS-HECHO-HOMBRE. Y por esto mismo, nos alegra tanto el recuerdo de los misterios para los que este tiempo nos prepara.

Sin embargo, ¡es ADVIENTO! Es decir, es un tiempo que la Iglesia quiere que aprovechemos para hacer más delicadas frente a Dios nuestras conciencias y para que nos pongamos alerta frente a la seducción de tentaciones que enfrentamos cada día. El Rey del Universo ciertamente vendrá a juzgar a las naciones. Este mundo tal y como lo conocemos ciertamente verá su fin. Y solo la Palabra de Dios subsistirá. Por eso, la Iglesia nos quiere vigilantes. Quiere que estemos listos para dar cuentas en cualquier momento.

Frente a estos dos escenarios, cada uno de ellos asombroso y deseable en sí mismo, podemos entender un poco mejor el espíritu penitencial de este tiempo de Adviento. Y en este sentido, quisiera proponerles a todos Ustedes, mis fieles (laicos, religiosos y sacerdotes) algunos elementos que, aunque no pretenden ser exhaustivos, sí son una CARIÑOSA INVITACIÓN DE SU PASTOR que, precisamente porque es consciente del vínculo que nos une a todos en el Señor, espera su generosa respuesta en la fe y en la obediencia.

1º. Hagamos nuestro mejor esfuerzo por meditar diariamente la Palabra de Dios, de acuerdo con el orden que le da la sagrada liturgia en estos días. Veremos con alegría la sorprendente correspondencia de las profecías (como promesa o preparación) y el Evangelio (como realización y como luz que se enciende para que demos pasos firmes en nuestra historia personal).

2º. Hagamos una “revisión de vida” que devele nuestras debilidades y motivos de caída más frecuentes. Y, llamando las cosas por su nombre, con valentía y llenos de la esperanza que solo nos puede encender la misericordia de Dios, pongamos orden en la casa, pidámosle al Señor que nos ayude y nos anime, y asegurémonos de que este Adviento no pase sin dejar nuestra vida completamente puesta en manos de Dios.

3º. Busquemos con serenidad, ilusión y sincero deseo el SACRAMENTO DE LA CONFESIÓN. Acudiremos a él todos, también este servidor que los invita. Porque el Señor instituyó este sacramento en la tarde del día de su Pascua para que nosotros tuviéramos una experiencia objetiva, real y celebrativa, de la reconciliación que Él nos alcanzó con su sacrificio, muerte, resurrección y exaltación. ¡Qué alegría poder celebrar este sacramento admirable en el que pasamos de la muerte a la vida!

Este punto requerirá que los sacerdotes, además de buscar esta gracia como todos los fieles, también destinemos espacios más amplios a la acogida de los penitentes en nuestros templos y celebraciones. Propongo que este sea nuestro principal ministerio en este tiempo hasta el dos de enero.

4º. Que no nos falte LA OBRA DE MISERICORDIA DIARIA y que busquemos que nuestras celebraciones sean familiares, sin derroche, sin excesos de licor, evitando los géneros musicales que exaltan la mundanidad, la grosería o la inmoralidad.

Que en estas fiestas ¡TODO SE PAREZCA A LA PUREZA Y A LA DULZURA DEL NIÑO JESÚS, de su Santísima Madre y de San José! Que esta Navidad sea de su Divino Dueño y no un pretexto para hacer fiestas sin sentido.

5º. Y que en todas nuestras casas se haga el pesebre y se rece la Novena en familia.

Oremos por nuestra patria y pidamos una intervención de Dios que aleje de los corazones y de las mentes de quienes nos gobiernan, de quienes tienen la función de legislar, de quienes sirven como jueces y de todos nosotros todo aquello que es contrario a la justicia, la misericordia y la verdad.

El Señor los colme a todos ustedes de sus bendiciones.

Desde ahora les deseo una muy feliz Navidad.

En Cristo, Pastor y Obispo de nuestras almas,

+ José Miguel Gómez Rodríguez
Obispo de Facatativá

Facatativá, 3 de diciembre de 2017, primer domingo del Adviento.

Y la elegida para ser la Madre del Dios humanado es la Santísima Virgen María, admirablemente preparada por la Gracia para llevar a cabo esta misión única e irrepetible. En consonancia con todo el Antiguo Testamento, Ella es llamada en libertad e invitada a tomar parte