Diócesis de Facatativá

Cundinamarca-Colombia

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23 de febrero: El Papa convoca Jornada de Oración y Ayuno por la Paz

El Papa Francisco anunció la celebración, el viernes 23 de febrero, de una Jornada de Oración y Ayuno por la Paz, en particular por las poblaciones de la República Democrática del Congo y Sudán del Sur. Ciudad del Vaticano

“Ante las trágicas situaciones de conflicto que se prolongan en diversas partes del mundo, invito a todos los fieles a una especial Jornada de oración y ayuno por la paz para el próximo 23 de febrero, viernes de la Primera Semana de Cuaresma”, con estas palabras el Papa Francisco anunció el pasado domingo, 4 de febrero, durante la oración del Ángelus, la celebración de una Jornada de oración y ayuno por la paz.

Oración por la República Democrática del Congo y Sudán del Sur

“La ofreceremos en particular por la poblaciones de la República Democrática del Congo y de Sudán del Sur – agregó el Pontífice – como en otras ocasiones semejantes, invito también a los hermanos y hermanas no católicos y no cristianos a asociarse a esta iniciativa en las modalidades que consideren más oportunas, pero todos juntos”, alentaba el Obispo de Roma a los fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro para rezar a la Madre de Dios.

Las religiones pueden contribuir a la consolidación de la paz

En este sentido, el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso hizo saber esta mañana – en un Comunicado de prensa – que el Santo Padre también invitó a los miembros de otras religiones a unirse a la iniciativa, en las formas que considerasen más apropiadas. “El Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso – se lee en el documento – consciente de que las religiones pueden contribuir en gran medida al logro y la consolidación de la paz, estará agradecido a los hermanos y hermanas de otras religiones que deseen acoger este llamamiento y vivir momentos de oración, ayuno y reflexión según su propia tradición y en sus lugares de culto”.

El Papa: ¿Homilías aburridas, largas e incomprensibles? ¡Por favor!

El Pontífice continuó un ciclo de predicaciones sobre el significado de la Misa

En la audiencia general, el papa Francisco pidió a los sacerdotes no aburrir a los fieles con homilías largas y no centradas e incomprensibles, también alertó del obstáculo de los prejuicios. Lo hizo este miércoles 7 de febrero de 2018 en el Aula Pablo VI del Vaticano.

¿Y cómo se prepara una homilía? preguntó a los sacerdotes, los diáconos, los obispos. “Se prepara con la oración, con el estudio de la Palabra de Dios y realizando una síntesis clara y breve: no debe ir más allá de los diez minutos. ¡Por favor!”.

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YO SOY… el camino, la Verdad y la Vida

acción significativa de enero

Tema

Dios nos habla por medio de su Hijo, en la escritura y en la Tradición y el Magisterio de la Iglesia

Lema

YO SOY…  el camino, la Verdad y la Vida

Objetivo

“Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo”.

(Aparecida 29)

 

Apoyado en el escrito de Santo Tomás, padre de la Iglesia, lo conoceré más a Jesús y me comprometo a trasmitirlo a las personas más cercanas. (Subsidio)

Acción significativa

Vivo para llevar a Cristo a los demás… San Ignacio sugiere que nos hagamos tres preguntas todos los días: ¿Dónde estaba Dios hoy; cómo respondí y hacia dónde me dirige Dios mañana?

Ocasión

 

Iluminación Bíblica

Lectura bíblica: Jn 14, 6-7

Tema de formación

El camino para llegar a la vida verdadera

Del Comentario de Santo Tomás de Aquino, presbítero, sobre el evangelio de San Juan Lectura bíblica: Jn 14, 6-7

Comentario

En estos párrafos de Santo Tomás de Aquino se expresa el predicador dominico abordando uno de  sus temas preferidos: “Yo soy el camino”. ¿Hacia dónde dirigir nuestra búsqueda? ¿Dónde encontrar el bien y la verdad que anhelamos y nos hagan felices? Ante tantas falsas promesas de felicidad como hoy nos rodean, sigue siendo válida la respuesta cristiana de todos los tiempos: en Jesucristo, camino, verdad y vida.

Texto:

Si buscas por dónde has de ir, acoge en ti a Cristo, porque él es el camino: Éste es el camino, caminen por él. Y San Agustín dice: «Camina a través del hombre y llegarás a Dios.» Es mejor andar por el camino, aunque sea cojeando, que caminar rápidamente fuera de camino. Porque el que va cojeando por el camino, aunque adelante poco, se va acercando a la meta; pero el que anda fuera del camino, cuanto más corre, tanto más se va alejando de la meta.

Si buscas a dónde has de ir, aférrate a Cristo, porque él es la verdad a la que deseamos llegar: Mi paladar repasa la verdad. Si buscas dónde has de quedarte, aférrate a Cristo, porque él es la vida: quien me alcanza encuentra la vida y obtiene el favor del Señor.

Aférrate, pues a Cristo, si quieres vivir seguro; es imposible que te desvíes, porque él es el camino. Por esto, los que a él se agarran no van descaminados, sino que van por el camino recto. Tampoco pueden verse engañados, ya que él es la verdad y enseña la verdad completa, pues dice: Yo para esto nací y para esto vine al mundo: para declarar, como testigo, a favor de la verdad. Tampoco pueden verse decepcionados, ya que él es la vida y dador de vida, tal como dice: Yo he venido para que tengan vida, y que la tengan en abundancia

SALUDO DEL OBISPO DIOCESANO CON OCASIÓN DEL INICIO DEL ADVIENTO

adviento

Muy amados en el Señor:

Hemos comenzado el Tiempo del Adviento que, como cada año, nos llama a renovación profunda, poniendo ante nuestros ojos el misterio de las dos venidas del Salvador: el recuerdo y la celebración de los misterios de la Encarnación y del Nacimiento del Hijo Eterno de Dios, por una parte, y la esperanza activa de su manifestación definitiva en Gloria y Majestad, que Él mismo anunció, por la otra.

La contemplación diaria de la Palabra que se nos sirve en el banquete sagrado de la Liturgia de este Tiempo nos permitirá penetrar un poco más los misterios que nos han acercado y hecho presente de tal manera a Dios, que es el Dios de la Alianza. El Hijo, sin dejar de ser Dios como el Padre y como el Espíritu Santo, se ha hecho verdaderamente hombre. En su divina Persona se unen perfectamente, sin mezcla ni confusión, armoniosamente, dos naturalezas: la de Dios y la nuestra. Por eso es DIOS-HECHO-HOMBRE. Y por esto mismo, nos alegra tanto el recuerdo de los misterios para los que este tiempo nos prepara.

Sin embargo, ¡es ADVIENTO! Es decir, es un tiempo que la Iglesia quiere que aprovechemos para hacer más delicadas frente a Dios nuestras conciencias y para que nos pongamos alerta frente a la seducción de tentaciones que enfrentamos cada día. El Rey del Universo ciertamente vendrá a juzgar a las naciones. Este mundo tal y como lo conocemos ciertamente verá su fin. Y solo la Palabra de Dios subsistirá. Por eso, la Iglesia nos quiere vigilantes. Quiere que estemos listos para dar cuentas en cualquier momento.

Frente a estos dos escenarios, cada uno de ellos asombroso y deseable en sí mismo, podemos entender un poco mejor el espíritu penitencial de este tiempo de Adviento. Y en este sentido, quisiera proponerles a todos Ustedes, mis fieles (laicos, religiosos y sacerdotes) algunos elementos que, aunque no pretenden ser exhaustivos, sí son una CARIÑOSA INVITACIÓN DE SU PASTOR que, precisamente porque es consciente del vínculo que nos une a todos en el Señor, espera su generosa respuesta en la fe y en la obediencia.

1º. Hagamos nuestro mejor esfuerzo por meditar diariamente la Palabra de Dios, de acuerdo con el orden que le da la sagrada liturgia en estos días. Veremos con alegría la sorprendente correspondencia de las profecías (como promesa o preparación) y el Evangelio (como realización y como luz que se enciende para que demos pasos firmes en nuestra historia personal).

2º. Hagamos una “revisión de vida” que devele nuestras debilidades y motivos de caída más frecuentes. Y, llamando las cosas por su nombre, con valentía y llenos de la esperanza que solo nos puede encender la misericordia de Dios, pongamos orden en la casa, pidámosle al Señor que nos ayude y nos anime, y asegurémonos de que este Adviento no pase sin dejar nuestra vida completamente puesta en manos de Dios.

3º. Busquemos con serenidad, ilusión y sincero deseo el SACRAMENTO DE LA CONFESIÓN. Acudiremos a él todos, también este servidor que los invita. Porque el Señor instituyó este sacramento en la tarde del día de su Pascua para que nosotros tuviéramos una experiencia objetiva, real y celebrativa, de la reconciliación que Él nos alcanzó con su sacrificio, muerte, resurrección y exaltación. ¡Qué alegría poder celebrar este sacramento admirable en el que pasamos de la muerte a la vida!

Este punto requerirá que los sacerdotes, además de buscar esta gracia como todos los fieles, también destinemos espacios más amplios a la acogida de los penitentes en nuestros templos y celebraciones. Propongo que este sea nuestro principal ministerio en este tiempo hasta el dos de enero.

4º. Que no nos falte LA OBRA DE MISERICORDIA DIARIA y que busquemos que nuestras celebraciones sean familiares, sin derroche, sin excesos de licor, evitando los géneros musicales que exaltan la mundanidad, la grosería o la inmoralidad.

Que en estas fiestas ¡TODO SE PAREZCA A LA PUREZA Y A LA DULZURA DEL NIÑO JESÚS, de su Santísima Madre y de San José! Que esta Navidad sea de su Divino Dueño y no un pretexto para hacer fiestas sin sentido.

5º. Y que en todas nuestras casas se haga el pesebre y se rece la Novena en familia.

Oremos por nuestra patria y pidamos una intervención de Dios que aleje de los corazones y de las mentes de quienes nos gobiernan, de quienes tienen la función de legislar, de quienes sirven como jueces y de todos nosotros todo aquello que es contrario a la justicia, la misericordia y la verdad.

El Señor los colme a todos ustedes de sus bendiciones.

Desde ahora les deseo una muy feliz Navidad.

En Cristo, Pastor y Obispo de nuestras almas,

+ José Miguel Gómez Rodríguez
Obispo de Facatativá

Facatativá, 3 de diciembre de 2017, primer domingo del Adviento.

Y la elegida para ser la Madre del Dios humanado es la Santísima Virgen María, admirablemente preparada por la Gracia para llevar a cabo esta misión única e irrepetible. En consonancia con todo el Antiguo Testamento, Ella es llamada en libertad e invitada a tomar parte

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